ORIENTACIÓN Y CARTOGRAFÍA

LA ORIENTACIÓN

  1. APROXIMACIÓN AL CONCEPTO.

El término orientación no es desconocido para nadie. Se trata de localizarse con exactitud en el entorno, y saber determinar la dirección de un punto con respecto a nuestra posición. Es una técnica y en algunas personas un instinto, que en cualquiera de los casos sirve para desarrollar otras actividades como el senderismo, y que puede llegar a convertirse en una actividad por si misma, en donde el disfrute consiste en llegar a completar un itinerario que pasa por distintos puntos localizados en un mapa, en el hecho de saber orientarnos en la naturaleza (esto, de manera más compleja, sería el deporte llamado carrera de orientación, que nosotros no vamos a desarrollar). Poseer conocimientos básicos de orientación es fundamental para el monitor de aire libre, especialmente cuando vamos a desarrollar nuestra actividad en terrenos que no conocemos del todo.

 

  1. FUNCIONES.

Tanto como técnica de apoyo, como actividad por si misma, la orientación aporta una gran cantidad de beneficios al que la practica. Estos beneficios son:

 

    1. Beneficios:
  • Físico-motrices. Cuando se plantea como actividad independiente, la orientación se complementa con el senderismo y el atletismo, aportando beneficios como el desarrollo de nuestro equilibrio, resistencia, potencia y control del cansancio.
  • Mentales. La orientación es una actividad que requiere grandes dosis de concentración, observación y lógica. Cuanto más practiquemos, más creceremos en estos aspectos.
  • Afectivo-sociales. Cuando practicamos en grupo, la orientación requiere toma de decisiones conjuntas, lo que nos ayuda a desarrollar nuestra capacidad de diálogo y de respeto al grupo. Además, el tener que permanecer unido al resto, obliga a colaborar con los más débiles físicamente, y a fomentar el trabajo en equipo.
  • Cognitivos. Ya hemos dicho que la orientación nos requiere una gran observación del terreno. Aprenderemos a reconocer distintas formaciones geográficas y desplazarnos por ellas. Además, tendremos que manejar conocimientos de topografía y geografía y relacionarlos con el entorno.
  • Metodológicos. Plantear una actividad de orientación puede ser la base de una gymkhana o de una excursión, y servir para conducir al grupo al lugar de comienzo de otra actividad.

 

    1. Perjuicios:
  • Existe un riesgo evidente de que los participantes se pierdan, o tengan problemas al ir solos (salvo que tengamos tantos monitores como grupos, cosa que no se suele dar). Deberemos de ser todo lo precavidos que podamos, elegir sitios donde podamos controlar todo el itinerario y establecer límites en el terreno. Dar silbatos al grupo, y explicar su uso puede ayudar mucho.
  • Si los participantes no han entendido bien el manejo de la técnica, puede llegar a frustrar.
  • Comprender esa técnica depende en gran parte de la explicación y de la manera en que progresamos en la complejidad de la misma. Existe entonces el peligro de que los participantes se descuelguen en algún momento al no haber asentado bien los conceptos fundamentales.

 

  1. MATERIALES.

Los materiales necesarios para el desarrollo de esta actividad pueden ser muchos.. Vamos a dar una lista de un buen número de ellos, pero puntualizando que solo dos son fundamentales: el mapa y la brújula. Estos materiales son:

  • Mapa
  • Brújula
  • G.P.S. (Global Possitioning System)
  • Altímetro
  • Escalímetro
  • Funda para el mapa
  • Silbato
  • Lápices y marcadores de colores
  • Podómetro

 

  1. A.      El mapa

Vamos a ver más detenidamente el mapa como elemento fundamental de la orientación. Podríamos definirlo como la “representación gráfica del terreno con todos sus accidente geográficos sobre una superficie plana”. Los mapas están encuadrados en una retícula de meridianos y paralelos, siendo los primeros los círculos imaginarios que rodean a la tierra pasando por los polos (marcan pues la dirección Norte-Sur), y siendo los segundos los que rodean a la Tierra en dirección Este-Oeste y paralelos al Ecuador, que es el paralelo 0.

La longitud mide la distancia de un punto al meridiano 0 (o de Greenwich), y la latitud, la distancia de un punto con respecto al ecuador (pudiendo ser latitud norte o latitud sur, según el hemisferio en el que se encuentre ese punto). Para nombrar tanto latitud como longitud, usaremos como medida los grados, minutos y segundos. Esa retícula de la que hablamos se llama coordenadas. Nos sirven para localizar un punto cualquiera en la superficie de la Tierra. Para ello, nombraremos la latitud y la longitud de ese punto (el albergue de Laroles se encuentra aproximadamente a 3º 1’ 40’’ Oeste / 37º 0’ 35’’ Norte). Para ayudarnos en la ubicación de un punto en la superficie terrestre, utilizaremos la líneas de longitud y latitud que están impresas en los márgenes de todo mapa topográfico.

Es necesario hablar del concepto de la Escala. Es la relación constante entre las dimensiones existentes en el mapa y las que existen realmente en el terreno. Es decir, una representación del terreno en menos espacio, pero guardando fidelidad a las formas y a las proporciones reales. Cuando observemos un mapa, nos encontraremos con dos escalas. La escala numérica y la gráfica. La primera se representa con un quebrado (1:15.000, por ejemplo), indicándonos la relación que existe entre una distancia en el mapa y su equivalente en el terreno (en el ejemplo que hemos puesto, 1:15.000, querría decir que 1 cm en el mapa equivale a 15.000 en la realidad, o 150 metros, que es lo mismo). También nos vamos a encontrar con la escala gráfica, que no es más que la representación gráfica de la escala numérica, siendo una línea horizontal dividida en partes. Cada una de esas partes nos indica de manera simbólica la distancia real entre dos puntos.

 

Es muy importante saber interpretar en un mapa las distintas formaciones geológicas de terreno (subidas, barrancos, circos, valles, etc.). Para eso están las llamadas curvas de nivel, que son las líneas que el mapa nos indican todos los puntos que tienen la misma altitud con respecto al nivel del mar. Vendrían a ser planos que cortan la montaña paralelamente a la superficie del mar. Según la cantidad y proximidad de curvas de nivel podremos hacernos una idea de cómo es el terreno que representa. Así, curvas de nivel muy juntas nos representan un terreno muy inclinado, y si están más separadas un terreno llano. Para facilitar la lectura de los relieves, en los mapas topográficos se suele destacar una curva de cada cinco (haciéndola más gruesa), que se llama curva maestra, y solo en ella, y en algún punto de su trazado nos indicará el numero de metros a los que se encuentra con respecto al nivel del mar. Es importante entender el significado de equidistancia entre las curvas, que no es ni más ni menos que la cantidad de metros que subimos o bajamos de una curva a otra (está equidistancia suele estar indicada en los mapas).

También encontraremos marcadas en los mapas las alturas de las cimas de las elevaciones (llamadas cotas). En realidad, en los mapas hay una gran multitud de símbolos y marcas que nos indican la colocación de edificios, acequias, caminos, etc. Sería ridículo especificarlos aquí, porque suelen ir detallados en los mismos mapas, y reciben el nombre de planimetría.

 

  1. B.      La brújula.

Es el elemento más importante después del mapa, y basa su funcionamiento el poder de atracción de la Tierra para objetos imantados, de tal manera de que la aguja imantada de la brújula siempre indica la mima dirección, el Norte magnético (que España coincide con el norte geográfico). Es importante decir que la precisión de la aguja varia según la altura, siendo más precisa a nivel del mar y más imprecisa en las montañas.

            En la actualidad nos encontramos con dos tipos de brújula. Las de limbo fijo o base opaca (B) y las de limbo móvil o de base transparente (A).

Nosotros vamos a ver la segunda, porque es la que resulta más fácil de manejar al principio, y la que más se usa para orientación en la naturaleza por su mayor número de prestaciones. Son conocidas como las brújulas tipo Silva (es realmente una marca de brújulas). Consta de dos partes fundamentales, la base y el limbo.

            La base: es de una pieza de plástico rectangular y transparente. En esta base suele llevar escalímetros en sus lados, una pequeña lupa para leer los mapas, una línea de dirección (habitualmente en rojo), y un cordón antiestático.

            El limbo: Colocado sobre la base y con la capacidad de rotar sobre si mismo. Tiene una graduación de 360º intercalándose con los puntos cardinales (los que están en la Rosa de los Vientos). En su interior tiene una aguja imantada rodeada de un fluido (agua o aceite), roja en uno de sus extremos, que es el que indica siempre el norte, y colocada sobre un pivote central. También tiene unas líneas rojas paralelas entre si, que son las líneas Norte-Sur o líneas de meridiano, que deberán de coincidir con las líneas Norte-Sur de los mapas.

 

  1. C.      El GPS.

En la década de los 70, el ejército de los EE.UU. desarrolló un sistema mediante el cual ubicarse en cualquier punto de la superficie terrestre. Para ello lanzó 12 satélites que han creado un cinturón alrededor del planeta, que lanzan una señal a un receptor de la superficie (el GPS), dándole unas coordenadas (latitud/longitud) con un margen de error que varia entre los 10 y 100 metros. Dado este margen de error, el GPS queda descartado para una orientación exacta, pero es de gran utilidad para orientación somera, que es la que habitualmente se utiliza en montaña. En algunos puntos de la Tierra, el satélite se combina con una señal que se emite desde un radar de tierra, y a la vez que nos ubica en la superficie, nos aporta el dato de la altitud (que es de gran utilidad para el montañero). Es ideal para trazar itinerarios, ya que nos va indicando cambios de rumbo si hemos tenido que desviarnos de la línea recta para evitar un obstáculo o un accidente geográfico. Si es bueno decir que el GPS es caro y delicado, y no es recomendable para su uso con niños, reduciéndolo al uso de montañeros expertos y monitores.

 

  1. D.      El altímetro.

Nos indica la altura a la que nos encontramos atendiendo a la presión atmosférica. Es evidente que nos da un dato más (y de mucha utilidad) para saber ubicarnos en el mapa, pero es poco fiable, especialmente a mucha altura, y demanda continuas correcciones en su indicador.

 

  1. TÉCNICAS.
    1. Manejo de la brújula.

Vamos a imaginar que queremos desplazarnos del punto 1 al punto 2, y que para ello debemos de trazar u rumbo. Seguiremos los siguientes pasos:

  1. Cogemos la brújula, la colocamos sobre el mapa en la dirección a seguir, haciendo coincidir uno de sus cantos con los dos puntos (que toque físicamente los dos puntos), con la flecha de dirección apuntando hacia donde queremos ir, no hacia nosotros.
  1. 2.       Con la base de la brújula firmemente apoyada en el mapa, giramos el limbo hasta que las líneas rojas (N-S) estén superpuestas o paralelas a las líneas de meridiano del mapa y la flecha roja del limbo indicando el norte del mapa (si no, trazaríamos el sentido contrario).
  1. 3.       Se levanta la brújula del mapa sin modificar el limbo y se coloca horizontalmente. Giramos sobre nosotros mismos hasta que la aguja coincida con la flecha roja del limbo. La dirección a seguir es la que nos indica la flecha de dirección de la base.


    1. Orientación del mapa.

Al transitar por la naturaleza, es imprescindible saber donde estamos y hacia donde nos dirigimos. Para ello es fundamental tener bien orientado el mapa. Para eso utilizaremos uno de estos dos métodos básicos: según el terreno o según la brújula.

  • Según el terreno:
  1. 1.       Encontramos un punto de referencia (una casa aislada, un pico característico, una curva pronunciada de un río, etc.)
  1. 2.       Localizamos en el mapa el punto de referencia.
  1. 3.       Cogemos el mapa con las dos manos colocándolo a la altura de nuestro pecho y con el borde sur próximo al cuerpo.
  1. 4.       Rotamos sobre nosotros mismos hasta que la referencia del terreno y su ubicación en el mapa estén en la misma dirección.
  1. 5.       Ya está orientado el mapa, y podremos localizar cualquier punto del terreno.

 

  • Según la brújula:
  1. 1.       Colocamos la brújula sobre el mapa (da igual en que dirección esté la base).
  1. 2.       Giramos el mapa hasta que la aguja se coloque paralela o superpuesta a las líneas de meridiano del mapa, con la parte roja de la misma indicando el norte del mapa.
  1. 3.       Ya está orientado el mapa, y podemos realizar las comprobaciones de rumbo necesarias.
    1. Medición de distancias.

Para ello utilizaremos el podómetro o el sistema de talonaje (contar pasos), si estamos midiendo distancias en el terreno, o un escalímetro (el que tiene la brújula por ejemplo) para medir distancias en el mapa.

 

    1. Orientación por indicios.

Ya hemos mencionado algunos sistemas para encontrar el Norte (y en consecuencia el resto de puntos cardinales), pero estaría bien hacer un breve repaso:

  • El Sol sale por el Este y se pone por el Oeste.
  • La Estrella Polar siempre se encuentra al Norte (solo visible en el hemisferio norte, lógicamente).
  • Al mediodía solar (cuando la sombra es más corta), las sombras se proyectan hacia el norte.
  • La nieve desaparece antes de la cara sur de una montaña.
  • En los tocones cortados, los anillos se juntan más en la cara norte.
  • Las aves migran al sur en otoño y al norte en primavera.
  • Los relojes de sol están orientados hacia el sur.
  • El musgo crece más en la cara norte de rocas y árboles.

 

    1. Error más frecuente.

Cuando trazamos un rumbo, nos planteamos su dirección en grados, y mantenemos la brújula en la mano para ir en esa dirección. Pero cuando andamos no siempre lo hacemos en línea recta, sino que nos desviamos para esquivar obstáculos y luego no volvemos a la línea recta que trazamos en el establecimiento del rumbo, con lo cual vamos acumulando errores (lateralmente). Para evitar esto, cuando establezcamos un rumbo, plantaremos un punto de referencia (un árbol o un pico, p.ej) y nos dirigiremos siempre hacia ese punto, pudiendo alterar esa línea recta cómodamente.

 

    1. Consejillos.

En principio, este tema parece áspero, pero si se va aprendiendo de manera gradual, no es tan complicado. Podéis plantear mapas gigantes de la habitación, itinerarios cortos dentro de ella, etc. antes de salir al campo. Explicadlo tantas veces como haga falta, pero experimentareis que a manera más rápida de aprender a orientarse es practicando. Plantead un itinerario dentro de clase o en una porción de campo muy pequeña, donde al final de seguir todos los puntos, lleguen al mismo punto de partida, y luego id aumentando poco a poco la dificultad. En niños más pequeños, es fundamental que tengan conciencia de los puntos cardinales, y podemos plantear construir una Rosa de los Vientos o un indicador del norte con sombras.

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